/Un empate que no permite ver un futuro atractivo ni para Huracán ni para San Lorenzo en la Superliga

Un empate que no permite ver un futuro atractivo ni para Huracán ni para San Lorenzo en la Superliga

Primera A11 March, 2018
Nervo y Blandi luchan por la pelota en el clasico
Nervo y Blandi luchan por la pelota en el clasico Fuente: FotoBAIRES

Seguramente fue el último clásico de barrio para “Pipi” Romagnoli (36 años) y es muy probable que también lo haya sido para el “Rolfi” Montenegro (38). Los dos, con esa estampa de veteranía que se les distingue hasta desde el escalón más alto del Tomás Ducó, ingresaron cuando ambos técnicos intentaron que la impronta crepuscular de cada uno de ellos influyera en un partido que ya no era el nudo del primer tiempo. Tampoco es que se había convertido en un torrente de emociones.

Sin la chispa ni la explosividad del lesionado Silva, a Montenegro le tocaba ser el lanzador de un Huracán que se paraba más para el contraataque con la entrada de Noir por Bogado, siempre con la gambeta en velocidad de Pussetto como el arma más incisiva. Romagnoli entró con el encargo de remediar un poco la orfandad de juego de San Lorenzo , cuya búsqueda se reducía a los pelotazos para Reniero y Blandi. Belluschi necesitaba algún socio, lo carcomía el desaliento al ver que no tenía con quién tirar una pared, que armar una jugada con cinco pases consecutivos era una quimera.

Ni Romagnoli ni Montenegro le pusieron su sello a un clásico que en realidad no llevó la firma de nadie en especial porque la mediocridad fue generalizada. Pipi y Rolfi empiezan a ser pasado de un partido que no permite vislumbrar un futuro inmediato muy venturoso para ninguno de los dos equipos.

A Huracán le faltaron cinco para el peso, ese último ajuste que le hubiera permitido vencer al Ciclón después de tres años, desde aquel 1-0 con gol del “Pato” Toranzo, otro treintañero de largo recorrido que ayer no salió del banco. El Globo se fue con bronca, amargado. Se le escapó la victoria a tres minutos del final, momento en el que el partido llevaba un buen rato planteado entre la necesidad de San Lorenzo, que proyectaba a los laterales como no lo había hecho en toda la tarde, y la especulación de Huracán, que dio dos pasos atrás para dejar venir al rival y aprovechar de contraataque los espacios que dejaba en su campo.

San Lorenzo caminó por la cornisa, en todo sentido. Por su bajo nivel futbolístico y lo cerca que vio la derrota. Una continuidad de lo que viene siendo su 2018. Además reincidió en otro aspecto negativo: con la expulsión de Piris Da Motta, si bien no tuvo mayores consecuencias en el desarrollo porque solo quedaba por disputarse el tiempo adicionado, el Ciclón suma seis tarjetas rojas en los seis partidos de este año. La indisciplina supera ampliamente a su producción ofensiva, con solo tres goles en 2018. Ayer, por lesión, no estuvo Botta, el que había marcado los únicos dos tantos. Sigue sin ver el arco Blandi, en cuyo descargo hay que consignar lo poco que genera el equipo. Un desabastecimiento que ayer apenas le permitió un remate al arco. Al menos pudo compensar con el desborde por la izquierda, un sector que Chimino había controlado muy bien hasta esa acción, y el centro pasado que Reniero cabeceó al empate sin que Araujo llegara al cierre.

San Lorenzo llegaba al alivio del empate por la vía del recurso más utilizado: pelota al aire hasta que a los dos puntas le salieran chichones de tanto cabecear. Al menos en el empate comprobó los beneficios de evitar los pelotazos frontales, de que la sorpresa estaba en el desborde y una asistencia que pasó por encima de Matheu y Nervo, dos especialistas en el rechazo aéreo, para que Reniero usufructuara las flaquezas de Araujo, un lateral con poco poderío para imponerse en las alturas.

La mejor jugada del clásico fue de Huracán y le valió el gol. Tuvo proyección de Chimino y una triangulación entre Silva y Pussetto para que Chavéz definiera de frente y con el arco libre. Al ex delantero de Banfield y Boca todavía se lo nota pesado y falto de ritmo.

En un partido con varios futbolistas de 30 o más años, tanto entre los titulares como entre los suplentes, el que mejor encarna el futuro es Pussetto, que no por nada tiene un destino europeo. Benfica ya se interesó en este delantero de 22 años, de zancada larga y profunda, muy útil para abrir defensas cerradas. Muchas jugadas las comienza mejor de lo que las termina, algo que ya se le notaba cuando apareció como una promesa en Atlético de Rafaela.

De este San Lorenzo achatado ni siquiera emerge el pibe Barrios, aquel cohete que fue un revulsivo en algunos partidos de la Copa Libertadores. Por Parque de los Patricios pasó sin la chispa y el atrevimiento de sus 19 años.

San Lorenzo va recalculando sus objetivos. Si en algún momento estuvo más en condiciones matemáticas que futbolísticas de disputarle el título a Boca, en 2018 los números dejaron de cerrarle para tan alta pretensión. Ahora trata de cuadrarlos para volver en 2019 a una Copa Libertadores que este año lo tiene al margen.

La modestia del Ciclón también queda retratada en su conformidad por el empate chiquitito de ayer. Un resultado que no es síntoma de ninguna mejoría futbolística y que solo le sirve para disipar el ambiente pesado que hubiera dejado una derrota. Para que no se cuestione más profundamente si hizo bien en confiar en que el Pampa Biaggio estaba para algo más que para la fugaz primavera de un interinato. Es cierto que al técnico le dejaron un plantel bastante básico, sin mucho más que para arañar un punto en el clásico barrial.

La estampa de la veteranía en el clásico de Romagnoli
La estampa de la veteranía en el clásico de Romagnoli